El seguro protege a las personas durante tragedias inesperadas, como los accidentes de tráfico. Puede evitar gastos de bolsillo, garantizar una atención médica adecuada y proporcionar una tranquilidad invaluable en los peores casos.
Aunque las compañías de seguros tienen el deber fiduciario de actuar en el mejor interés de sus clientes, también son negocios orientados al beneficio. Esta motivación financiera suele dar lugar a conductas que pueden poner a los asegurados en apuros financieros tras sufrir lesiones por accidente.
Los asegurados deben estar atentos a estas artimañas
Un perito de seguros suele ser una de las primeras partes en contactar con las víctimas tras la colisión. Normalmente utilizan esta ventana de oportunidad para emplear las siguientes tácticas de mala fe para reducir sus pagos:
- Denegar una reclamación sin dar una razón sólida ni realizar una investigación adecuada
- Retrasar una reclamación para incurrir en papeleo tedioso y prolongado y convencer a la parte perjudicada de aceptar una oferta baja
- Declarar lagunas sin fundamento encontradas a través de disposiciones ocultas de políticas, publicaciones en redes sociales o grabaciones de vigilancia privada para desacreditar o devaluar el valor de una reclamación
En algunos casos, las compañías de seguros desaconsellan el apoyo legal para dejar a las partes afectadas en la oscuridad sobre sus derechos y opciones. No les favorecerá si las víctimas se enteran de información, como
Los asegurados pueden defenderse
Si las compañías de seguros no actúan de buena fe, los lesionados pueden impugnarlos con la ayuda de un abogado. Un equipo legal puede ayudar en las negociaciones y buscar un acuerdo justo para pagar facturas hospitalarias y otras pérdidas.